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Vamos los pibes

Vamos los pibes

Mi vida después de la vagancia

Lunes, 04 de julio de 2005

Jamaica en la calle Florida

Mi anterior trabajo fue repartiendo volantes para una señora de Constitución que habla con los ángeles. Después, de pura casualidad, entré en un mercadito que vende de todo. Yo estaba repartiendo volantes por ahí, y un lustrabotas me dijo que el lugar más barato para comer era una almacén que queda en el subsuelo de la galería en la calle Florida. Empecé a ir todos los días, hice buena onda con la gente y me contrataron para trabajar.

El almacén tiene mesas para que la gente se siente a comer sanguches, ensaladas o las tartas que prepara la amante del dueño. Yo al principio llevaba comida y agua mineral a las oficinas, pero de a poco me fueron sumando cosas, hasta que me convertí en el mulo de mi jefe. Ahora repongo mercadería, limpio a la mañana y a la tarde, atiendo las mesas, llevo pedidos y hasta voy a hacer las compras para su mujer y a veces para su amante.

Al tipo lo odio. Siempre llega a la mañana, casi sin saludar y diciendo cosas como “desde hoy te nombro gerente de limpieza”. Después se rie él solo de su chiste malo y me explica que es lo nuevo que tengo limpiar a partir de ese día. Si tengo que pasar el secador, cuando lo dice hace un movimiento con la mano, como si su palma fuera un trapo de piso, y con la boca hace “chuiiii”, para acompañar ese gesto. Y así con todo lo demás; para cada cosa tiene su ruido particular y muy estúpido. Cuando tengo que bajar bolsas de azucar, el ruido que hace es “puuuum”, con tono de maestra de inglés. O, si tengo que cortar fiambre a cuchillo, el ruido es “shhick, shhick” sin abrir la boca. Ese es el peor; cada vez que lo hace, me dan ganas de pegarle en los dientes con un palo de escoba.

Del sueldo no me puedo quejar tanto. Me pagan 350 pesos por mes, y me dan el almuerzo, que es mi desahogo de todos los mediodias. Trago todo lo que puedo y más también, solamente para hacerlos gastar mas guita en mí. Los muy guachos quieren que coma solamente un sanguchito, pero yo no les doy cabida. Me invento lo que puedo con lo poco que hay: fiambre, arroz, huevo duro y sobre todo queso, mucho más del que te puedas imaginar.

Algunas maldades son de pura venganza. Por ejemplo, una vez me mandaron a descargar un camión de mercadería. La mayoría de las cosas que bajabamos pesaban más que yo, pero al tipo no le importaba. Cuando de descuidó, hice como que me tropezaba, y tiré al piso una caja con 24 botellas de un litro de vinagre. Estuvieron una semana baldeando para sacar el olor que quedó impregnado en el estacionamiento.

Tiempo atrás, también empecé a hacer algunos trucos para sacar un billete extra. Si me mandan al banco a buscar cambio, cuando vuelvo con la bolsa de monedas saco algunas sin romperla, sobre todo cuando son las de un peso. Otras veces me llevo algo de mercadería y la vendo mas barata, generalmente yogures para recepcionistas o cerveza para los motoqueros, que son todos unos descontrolados que me caen muy bien.

Vender por izquierda es una forma de juntar una moneda, pero también de tener amigos: todo el mundo trata bien a la persona que le da de comer. Y eso me cabe, porque se nota cuando caminás por la calle y la gente te saluda bien, con buena onda.

De entre todos los personajes que conocí, hay uno que casi me ayuda a cambiar de suerte. Se llama Alberto, y es un gordo que todos los días anda con una riñorera llena de faso. Debe llevar como 300 gramos de marihuana para vender en la galería y en los edificios. Siempre viene al mediodía, antes de que se llene de gente, se sienta en una mesa y pide una cerveza de litro. Se queda dos o tres horas, y le vienen a comprar motoqueros, vendedores ambulantes y algunos oficinistas, sobre todo esos cadetes que están todo el día en la calle y de la cabeza.

Mi jefe es un pancho y jamás se daría cuenta si un tranza o el mismísimo Duhalde está usándole el negocio para vender sustancia. Yo, en cambio, le saqué la ficha desde el primer día. A los tranzas es facil reconocerlos: tienen cara de verduleros que matarían a la madre por media planta de lechuga en mal estado. Son gente sin amigos, y el único código que tienen es cuidar el negocio: puede estar todo bien, y hasta son capaces de darte una mano en algo, pero a la hora de los bifes piensan solamente en ellos y en nadie más..

El tercer día que vino a instalarse en la almacén, Alberto me regaló un fasito, como si con eso pagara un impuesto para poder seguir laburando ahí. Después fuimos entrando en confianza y me pidió, como favor, que le llevase cinco pesos de porro a un chabón de una empresa de seguros que está en el piso 12. Ahí comenzó nuestra verdadera relación.

Esa vez me pagó con faso. Como me gusta fumar, se pensó que con eso me arreglaba. Yo no le dije nada, pero lo cagué. El día después, en vez de pasarle el dato a uno que me preguntó donde pegar diez pesos, hice de intermediario. Me quedé con tres y le compré siete pesos de faso a Alberto, que como soy conocido me los sirve bien.

Así estuvimos una semana, en la que me gané como 50 pesos solamente por hacer de pasamanos. Al final, Alberto se avivó y me vino a encarar. Pensé que se iba a parar de manos, pero hubo mucha discusión; me dijo que quería que venda faso para él, que ya estaba cansado de andar en la calle y que se quería retirar un poco a disfrutar de la vida. Siempre dicen eso los tranzas; es lo mismo que los chorros cuando mienten diciendo que quieren robar algo grande para no tener que laburar más.

Si me ponía las pilas, dijo, en dos meses me podía comprar una moto o alquilarme algo en pleno centro, y mandar a la mierda el laburo. Para empezar él me daría 100 gramos todas las mañanas, y a la noche yo pasaría a pagarle después de salir de laburar. Mientras tanto, yo tenía que seguir en el almacén, no sea cosa que alguien se de cuenta de lo que estaba haciendo.

Le dije que lo tenía que pensar, pero no había forma de negarme. En pocas semanas me convertí en un proveedor de ojos rojos en pleno centro de la ciudad. Empecé a ganar algo de guita, pero también mucho respeto. Si antes era el que les daba de comer, ahora era el que les daba de fumar.

A medida que me iba ganando clientes y fama, iba perdiendo interés en el laburo en el mercadito. Cada día odiaba más a mi jefe, pero ya no le tenía miedo. Todas los días me fumaba un mañanero, y a veces me tenía que aguantar la risa cuando lo veía venir.

El negocio fue creciendo a punto tal que la policía empezó a dar vueltas por la galería. Nunca supe si para agarrarme a mí, o solamente porque la cantidad de gente que andaba fumando marihuana en el estacionamiento había aumentado notablemente. De todas formas, me tuve que empezar a cuidar. Siempre hay algún buchón que la va de justiciero o, mucho peor, algún botón al que no le gusta la competencia.

Una tarde las cosas se pusieron dificiles. Tenía un par de encargos grandes, y Alberto me había traído 200 gramos, el doble de lo que solía vender en un día. Me trajo el paquete y se sentó a tomar una cerveza en una de las mesas. Casi diez minutos después, llegaron ellos. Se sentaron dos mesas atrás de Alberto, y cuando me acerqué a preguntar que querian me di cuenta que algo estaba mal. A un policía se lo reconoce enseguida. Por más que esté de jogging y zapatillas, siempre tienen algo artificial que los delata. Puede ser la barba de dos días cortada con máquina, la ropa que usan, forma de sentarse o el brillo de la mirada, pero si estás en la movida te das cuenta enseguida de quién es botón.

Alberto también se avivó. Nos miramos sin decir nada, y yo me fui para adentro a pensar como zafar de la situación. Tenía 200 gramos de marihuana, dos policías de civil sentados ahí afuera y muy poco tiempo para pensar.

Lo primero que resolví es como descartar el faso. Cuando tenés medio porro y estás en la calle no hace falta pensar mucho: arqueás la lengua, soplás para adentro, te bancás el sabor de la ceniza y te lo tragás. Corrés el riesgo de quemarte la lengua o de que el rati trate de hacerte escupir, pero preso por narcotráfico seguro que no vas. Cuando tenés 200 gramos, no hay malabar que alcance. Todavía no conozco a nadie capaz de tragarse un bulto de marihuana del tamaño de un ladrillo.

En el depósito del local había un tacho de basura grande, que yo iba llenando durante todo el día con la mugre que juntaba de la mesa. A las siete de la tarde mi tarea era sacar la bolsa y poner una nueva, que quedaba hasta el día siguiente. Saqué la bolsa de basura, apoyé el paquete de marihuana contra el fondo del tacho y volví a poner la bolsa arriba. Era imposible que alguien encuentre el paquete ahi, ni siquiera con perros entrenados: el olor a comida era insoportable.

Ese día suspendí todas las operaciones y trabajé en el almacén como si nada hubiese pasado. Los policías se quedaron dando vueltas por la galería todo el día, y por momentos me sentí vigilado. A la tarde cambié la bolsa de residuos, y dejé el faso ahí para sacarlo al día siguiente, esperando que el panorama esté mas despejado.

A la mañana siguiente volví y no había mas policias de civil a la vista. Empecé la rutina de todas las mañanas, y ni bien pude me fui al depósito para recuperar mi mercadería. Cuando levanté la bolsa me llevé la sorpresa. No había nada. Alguien se había llevado el faso la noche anterior, después de que yo me había ido.

Me quedé sin aire. El único que podía haber movido algo ahí adentro era mi jefe. Seguro que en cualquier momento llegaba con la policía, o para decirme que no me quería ver mas por ahí. Me senté sobre un cajón a imaginar que me esperaba: la carcel de mayores, el juicio oral, mi propio jefe contando como descubrió que yo usaba su negocio para venderle droga a los menores de edad. Porque siempre dicen eso: que le vendés droga a los pibitos, por más que seas tranza en un asilo de ancianos.

Era como una película pasando delante de mis ojos. Me lo imaginaba al tipo sentado en el juzgado, contando como abrió la bolsa de residuos, haciendo un gesto con la mano y un ruido a plástico, quizás un “cruch, cruch”, para que el juez entienda bien su descubrimiento.

Decidí que no iba a permitir que pase eso. Me agazapé en un rincón para saltarle encima ni bien entre. Me le iba a colgar del cuello para que se piense que lo iba a ahorcar. Su reflejo iba ser querer sacarme, y yo iba a aprovechar el impulso para pegarle un puntinazo en medio de las bolas. Después,un cross de derecha en medio de la naríz y otro más si hacía falta. Con suerte, se iba a morir ahí mismo, y yo iba a tener tiempo para vaciar la caja del mercadito, cerrar todo y salir volando de para siempre.

Confiezo que me ponía triste la idea de cargar con un muerto y vivir el resto de mi vida fugado. Pero a veces el destino es como una máquina tragamonedas que se come todas las fichas. No te deja opción: si querés sobrevivir, la única forma es romperla.

Sentí ruidos en la entrada del negocio. Eramos los únicos dos que teníamos llave, asi que no había dudas de que era él. Me acomodé arriba de dos cajones de cerveza, y calculé la distancia que iba a tener que saltar para agarrarlo del cogote. Me balanceaba sobre mis pies, siguiendo el ritmo del latido de mi corazon.

El tipo entró y prendió la luz. Nos miramos a los ojos y nos quedamos los dos quietos, sin decir nada. Estabamos frente a frente, en ese depósito oscuro. El fue el primero en hablar. Me dijo. “Nahuel, anoche baldié el piso, vas a tener que pasar la enceradora”. Terminó la frase con un movimiento de las manos y el sonido correspondiente, un “umggggg” entre dientes.

Nunca nadie habló del tema. Esa misma tarde le vendí dos yogures a mitad de precio a una recepcionista del quinto piso. En el mes que siguió, hice lo mismo todos los días. Todavía hoy lo sigo haciendo con seis o siete clientes. Mi jefe jamás se da cuenta del faltante. Creo saber por qué: ultimamente, viene a trabajar con los ojos un poco colorados.

Referencias

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Comentarios

  1. El final un poco flojo para un relato que empieza lindo lindo. Interesante forma de describir el rencor de la clase trabajadora. Los ruiditos que hace el patrón, por favor, quien no conoce a alguien así...? Y no va a faltar el que comente, como en posts anteriores, algo del estilo "Nahuel, es todo mentira, no engañás a nadie, vos no viviste esas cosas". No hace falta que se lo diga yo: usté no dé bola, y siga.

    mama bambi — 05-07-2005 13:54:52

  2. este es uno de esos blogs personales que vale la pena leer. me gusta la manera en que cuentas tus anécdotas. ya te habiá leído... me las huelo. pero no recuerdo cuando.
    en fin.


    hola, te informamos que este blog ya pertenece al proyecto blogueratura; el lugar de la literatura independiente.
    no olvides poner un botón en tu blog para que tus leectores conozcan el proyecto.
    recibirás un correo con más información sobre las actividades de www.blogueratura.com
    gracias por seguir publicando la palabra.

    diminui — 06-07-2005 03:58:30

  3. ¡muy bueno!

    lamaga — 11-07-2005 20:32:17

  4. ¡Cómo me gusta lo que escribís!

    ejota — 14-07-2005 04:30:26

  5. che, ke bueno ke sigas ahì. hace rato ke no pasaba por acà.

    dale!!

    un abrazo!

    Polo Sur — 16-07-2005 04:03:26

  6. Muy buena historia

    Julio — 18-07-2005 03:56:01

  7. no hay más?

    deapoco — 05-08-2005 16:18:49

  8. Hola, es la primera vez que te leo. Me gusta mucho lo que escribis.

    Tiro una idea: a mi me parece bueno que hables con el lenguaje que aprendiste. En vez de hablar con las palabras que todos entienden, creo que mejor hablar como te salga y poner despues un diccionario o algo asi con la traducción.

    Yo conozco algo de lenguaje tumbero. Aca pusiste "pararse de manos" y la gente que no entiende va a pensar que el tipo quiso hacer la vertical, pero pararse de manos es pararse como para boxear, ¿no?

    Te mando un abrazo.

    Jack Celliers — 06-08-2005 05:38:46

  9. yo creo ue los jefes de bares y restaurantes son de la peor larva que hay

    paula — 11-08-2005 20:13:58

  10. Proveedor de ojos rojos! Buenísimo! Me los leí todos entre ayer y hoy. Hay una diferencia enorme entre los primeros y los últimos, quizás por eso se hacen más espaciados.

    Ana C. — 12-08-2005 16:30:10

  11. Interesante y bueno todo lo que escribes, lo literario y lo personal. Felicidades desde Barcelona,España!

    alfred — 12-08-2005 21:17:10

  12. Estuvo bueno mientras duró, o realmente era un fraude y te cansaste de tu propia creación o caiste otra vez...
    Espero que ninguna de ambas y sea solo un lapsus...

    El Bruche — 12-08-2005 21:42:02

  13. dejate de joder la unica que lei y me parecio una mierda le dejas una enseñansa de mierda a los pibes y escribis como el culo sos un animal yo sere un bruto de mierda pero vos no te hagas el autor si escribis tan para la mierda. y para los q postea diciendo q esto es lo mejor q les paso en la vida dejense de joder y no se agan progres porqe esto es una mierda

    chicchoc??? — 15-08-2005 03:54:31

  14. che esperamos que sigas escribiendo!!!

    victoria — 21-08-2005 03:46:15

  15. De casualidad encontré tu blog y ahora soy un asiduo lector. Muy buenas historias.

    Malagua — 09-09-2005 17:31:23

  16. Muy bueno, me gusta como vas desarrollando el relato, solo que el final lo esperaba mas redondo. te felicito seguí escribiendo

    albertoplata — 13-09-2005 00:06:05

  17. Muy bueno, me gusta como vas desarrollando el relato, solo que el final lo esperaba mas redondo. te felicito seguí escribiendo

    albertoplata — 13-09-2005 00:06:11

  18. Me da cosita que no actualices desde Julio...

    Marula — 13-09-2005 15:25:56

  19. ¿te pasó algo?

    flor — 16-09-2005 01:20:49

  20. me encanta como escribis y lo que contas, me gustaría saber más de vos y si escribis en otro lado. Espero qeu sigas con este blog, te felicito

    fabiana — 16-09-2005 17:27:07

  21. mui linda la fixion, asta parese real!, te mando un avraso jigante"

    jaco pasotorius — 01-10-2005 05:59:10

  22. ta piola la historea, muy bueno lo de los botones como te das cuenta quiene son...
    un abrazo locou

    el que guarda y proteje — 01-10-2005 06:03:37

  23. aca no ai nada nuebo, salbo para loz caretas q se sorprenden, tal ves cea porq no salen a la caye ni conocen el barrio, i ce quedan con lo q grondona les dise desde el canal nuebe (el del sipayo ese), mui trankilamente centados en su chalet de un barrio privado (antinegros).

    el chango farias — 01-10-2005 06:14:37

  24. Les cuento que ayer sali en libertad despues de pasar unos meses a la sombra. Ahi tuve el privilegio de compartir celda con nuestro amigo "Nahuel" quien me comento de este emprendimiento. NO lo extrañen, ya volvera a publicar pronto si todo sale bien.

    AAA — 03-10-2005 20:26:14

  25. aguante el faso loko re loko

    claudio — 18-11-2005 00:57:33

  26. alfinal no te gustaban los transas y quedaste como uno de ellos.espero que no mades ningun pibito chorro preso,porque te bamos a meter la faca en el orto....suerte

    daniel — 15-01-2006 21:25:48

  27. interesante blog...segui asi esta haciendo mis tardes de fasito y lectura jaja

    wallty — 16-04-2006 19:42:03

  28. Jajajaja yo como en el lugar ese !!!! ponele mas pollo a la ensalada, que me ponen 3 pedacitos nada mas !!!!

    Amilcar — 13-08-2008 18:43:46

  29. YO Q SE NO LEI NI ASTILLA JEJEJE....LO UNICO Q DIGO
    AGUANTE..EL CORCHO,EL CHURRO YYY EL ESCABIOOOO LOCOOO!!!!
    NO TE SAK DE LOS EMBROLLOS PERO UN TOKE TE OLVIDAS DE
    TODO.....

    LA GRINGA — 17-01-2009 05:57:40

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Hola, soy Nahuel. En realidad, es medio dificil explicar que me pasa. Ahora, por ejemplo, escribo porque sí, porque pongo palabras una atrás de la otra, porque me da la sensación de que las cosas se dicen solas. Y lo que me pasa también es que cuando se juntan demasiadas historias, me pesan en la cabeza y en el cuello.
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