Pancho con alas, episodio 2
Diez años atrás, cuando se conocieron, Acracio ya se perfilaba para la profesión de callejero. Ahora es un pedazo de asfalto hecho persona. Por eso, cuando el entró el gil del tatuaje en el cuello, lo miró de reojo y se guardó de clavarle los ojos solamente porque estaba con su amigo Elotro y no quería arruinar el pequeño torbellino en el que venían girando juntos.
Mientras las miradas del tatuado y Acracio se cruzaban por primera vez, Elotro peinaba tres rayas sobre un pedazo de vidrio. Aplastaba las pequeñas piedritas con una tarjeta de crédito, cuidando que no se pierda ni la más mínima partícula. Herencia de sus viejos barrios, Acracio y Elotro se entendían también en eso: había que trabajar sobre la sustancia como si fuera oro blanco, como si en cada pequeña particula estuviese encerrado el secreto del efecto conquistado a fuerza de meterse polvo en la nariz.
No eran, sin embargo, esas peripecias de relojero las que habían vuelto pesado el aire de la habitación. Eran las miradas del principio -concentradas ahora sobre el area donde se preparaban la dosis cocaína- que seguían flotando en el ambiente, y que en cualquier momento podían explotar de la mano de el más mínimo gesto fuera de lugar.
El primero en hablar fue el tatuado. Sin desviar las mirada de la mesa de operaciones, casi como murmurando, lanzó un comentario aparentemente sin relación con lo que estaban haciendo. “Hay que portarse bien”, dijo.
Elotro se mentalizó en ignorar el comentario. Como si fuera Tu-Sam, hizo un ejercicio de contracción de las neuronas para que su cerebro no intente encontrar alguna explicación a esas palabras que acababa de escuchar. No significaban nada. No modificaban en nada la buena noche que estaba pasando. Eran apenas palabras de un tipo con un tatuaje en el cuello, dueño de una personalidad calculadamente desquiciada, y por lo tanto mediocre, de esas que no vale la pena atender.
Pero Acracio no pudo ignorarlo. Quizás por el rollo de la merca, o tal vez porque en aquella frase había interpretado la clave de la mirada que había percibido unos minutos antes, levantó temperatura y empezó lo que pronto se convertiría en un ping pong de preguntas y amenazas.
-¿Por qué lo decís?
-Cada uno sabe lo que hace. Y vos entendés bien lo que digo.
-No, no entiendo.¿Me querés explicar?.
El tatuado juntó fuerza, apretó la mandibula contra el cuello y clavó los ojos en Aracracio. Con un pequeño movimiento hacia delante invadió su espacio vital y le gritó, con tono de “te voy a matar”:
-¡Lo digo por vos, Acracio, lo digo porque te conozco, porque andás bardeando por ahí, porque te portás mal con la gente!
Acració estalló en una fracción de segundo. Avanzó sobre su rival sacando pecho, y le empezó a gritar en ese tono que solo se consigue después de tomarse el primer papel.
-¿De me conocés vos? ¿Qué mierda tenés que venir a boquear acá en mi rancho? ¿Quién mierda sos?
En el ritmo y el volumen de sus palabras había bronca , pero no agresión. Como si quisiera dejar claro que no queria pelear, se mantenía en una posición defensiva, esperando que el otro se ubique y retroceda.
Pero el tatuado tenía otros planes. Envalentonado por el no avance de Acracio, comenzó un discurso en falsete tumbero, largando toda una serie de insultos imposibles de reconstruir en estas lineas. Llegado al climax, se agarró de su propio tatuaje y dijo:
-¡Mirame bien este escracho, porque vos sabés que me conocés!. ¡Y sabés que si quiero te corto todo acá nomás, eh! ¿Eh? ¿Queres que te corte el cuello, eso es lo que querés?.
Las cosas se ponian densas. Como primer respueta, Acracio se sacó la remera, y dejó ver toda su colección de tatuajes, cicatrices y quemaduras. El pecho, la espalda y los brazos eran un registro de noches decontroladas, mapas de una vida cuyas marcas indelebles podrían contar miles de historias.
Después metió la mano en el revuelto de cosas que había sobre la mesa, y volvió a sacarla cuando encontró un cuchillo. Así, en cuero y faca en mano, lo agarró al tatuado de la remera, le puso el filo en el cuello y se lo empezó a llevar para afuera.
De la cara del tatuado se borró todo destello de malevaje. Intentó un discurso de conciliación, tratando de cambiarle el sentido a sus palabras anteriores. Habló de que solamente quería aconsejarlo y que no tenía la intención de provocar una pelea. Pero ya era tarde: Acracio lo tenía contra las cuerdas, o mas bien contra la baranda: estaban en un terrraza, y ahora el tatuado estaba entre la cuchillo y el abismo, arqueando el cuerpo hacía el vacio, conociendo el límite exacto donde la adrenalina le deja paso al terror.
Por suerte, nadie salió lastimado. Acracio dejó a su contricante en esa posición humillante y se volvió para adentro. Estaba agitado, como si hubiese corrido una carrera de varias cuadras.
Adentro, Elotro lo estaba esperando con un regalo: durante toda la discusión no había dejado de manipular la pequeña piedra blanca que habían estado rayando toda la noche. Concentrado en su tarea, había aprovechado sus ejercicios mentales para poner la pelea en un segundo plano y mantener toda la tensión puesta en las rayas que había estado peinando. Eso le habia demandado un gran esfuerzo y, si bien no se había movido del lugar, la pericia lo había dejado con el mismo nivel de agite a que a Acracio.
Al rato, cuando ya estaban por armar otra raya, la puerta de la pieza se abrió. Era el tatuado otra vez, que venía a buscar su campera.
“Pancho con alas, volá”, le dijo Elotro, y vio en los ojos del tatuado el indeleble brillo del miedo.
Referencias
URL para referenciasComentarios
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"pancho con alas..." terrible jajajajajajajajajaj
Bueniiisimo..
Che, que onda vos?..en que andas?
Como siempre.. no answer.... no reply (sinf nacu..).....
Salu2...Tin
(viste que yo tambiènme puedo hacer el misterioso papà!)Tin — 22-06-2005 04:51:24
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con la tarjeta de crédito... ahora se usa la tarjeta del cobro del plan jefas y jefes...
toto — 25-06-2005 21:24:09
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che,la verdad nahuel,ke no la exageraste tanto komo kreì.Ke noche esa papa!!!
Un abrazo.
no dejes de eskribir nunkaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!
AKRACIOanarkus — 26-10-2005 16:05:04
