Pancho con alas, episodio 1
Se encontraban cada tanto, de pura casualidad. Si en el pasado habían caminado la calle juntos, desde que dejaron de ser compañeros de colegio su relación se había vuelto casi formal. En varios meses tenían apenas cruces: el vago pasaba en bicicleta por algún lugar donde estaba él, y el otro le gritaba, medio en joda, medio en serio, que “vos no te morís más, Acracio”.
Los dos sabían, desde chicos, que en el cuerpo se les iba marcando la vida que habían elegido. Encontrarse con el paso de los años también era confirmar que eso era cierto. Era verse cada mas curtidos, con menos dientes y mas cicatrices en el cuerpo y en la mente.
Y si bien nunca se decían nada al repecto, cada uno miraba al otro como a un espejo deformado de su propia existencia.
Pero esa noche fue distinta e ideal para un pequeño reencuentro de esos que sirven para ponerse al tanto de la vida del otro . La fiesta tenía pocos invitados, y la casa era lo suficientemente amplia como para refugiarse en cualquier rincón a charlar tranquilos. NI bien se saludaron, caminaron juntos hasta una de esas zonas alejadas, y Acracio lo invitó a pasar a una habitación que, sin las aclaraciones de rigor, hubiese parecido uno de esos galpones donde se acumulan cosas insólitas sin ningún valor.
”Acá es mi rancho”, le explicó, y enseguida tiró algunas cosas al piso, para hacer un espacio lo suficientemente grande como para peinar una cuantas buenas rayas.
De a poco se fueron poniendo al día, contándose anécdotas de los últimos años, acordándose de los viejos conocidos en común. Hasta llegaron, en algún momento de iluminación, a sentirse identificados el uno con el otro, tal vez porque los dos eligieron ,a su modo, no quedar encadenados al volante de un remis o la caja de registradora de algún mercadito de barrio, que era a donde se imaginaban que fueron a parar la mayoría de los viejos conocidos en común.
Con el correr de las horas se fueron poniendo generosos. Primero invitaron a un amigo, después a dos, y así fueron pasando varios consumidores de la blanca sustancia. El que tiene convida, dijeron, y a nadie le negaron una dosis, sorprendiendo a la gilada que, acostumbrada a que el dueño de la pelota se ortibe, festejaba la actitud y se retiraba agradecida después de cada toque.
El último en llegar, un flaco alto con el cuello tatuado, tenía un poco de cara de gil.
(sigo mañana)
Referencias
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celebro el que hayas regresado Nahuel... extrañaba tener alguien "misterioso" de veras en internet..jejejeje
¿todo bien tu vida?
Contate algo mas personal.. mas común.. mas de HOY DIA...copate dale?
Bueno, te dejo saludos y gracias por el feliz cumple que me dejaste.
Salú2..Tintin — 16-06-2005 14:32:30
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qué bueno volverte a leer.
lamaga — 18-06-2005 01:30:54
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Adhiero a la maga. Muy bueno el texto, parece q te hicieron bien las vacaciones. saludos!
Manuel — 19-06-2005 05:38:27
